¡Si No Hay Herida, No Hay Perla! 

 

 

 

 

 

Una vez el Dr. Edward Sullivan usó como texto de su predicación el que dice “cada puerta una perla”. “Cada entrada a la vida celestial es una perla. ¿Qué es una perla? El marisco se hace una herida con un grano de arena, y el grano queda metido en la llaga.

Se pone en función todos los recursos para sanar la herida. Cuando esta queda sana y el proceso de reparación termina, es una perla lo que cierra la herida. El sufrimiento hace aparecer recursos insospechados en un marisco, y el resultado es una beldad que no se puede obtener de otra manera. ¡La perla es una herida cicatrizada! ¡Si no hay herida, no hay perla!”

Los momentos duros de nuestra vida pueden ser transformados en bendiciones, las heridas en perlas preciosas de gran valor. Aún una desventaja muy dolorosa puede ser una potencia salvadora.

Se relata la historia de una mujer llamada Nidia, la florista ciega de “Los últimos días de Pompeya”. Su ceguera no la amargó, ni la hizo aislarse del mundo, ni quedarse sentada en su casa: ¡salió a enfrentar la vida! Ganaba su sustento en la mejor forma posible. Entonces llegó el día terrible de la erupción del Vesubio, que sumió a la ciudad en tinieblas de medianoche bajo una espesa mortaja de humo y cenizas. Los aterrorizados habitantes corrían a ciegas de un lado a otro, perdidos en la horrorosa negrura. Pero Nidia no se perdió. Debido a la desventaja de la ceguera había aprendido a caminar guiándose por el tacto y el oído, de modo que podía ir directamente a rescatar a su amado. Por haber aprendido a caminar con rapidez y seguridad en la oscuridad de su ceguera, había transformado su desventaja en un tesoro, en una enviada de Dios para la hora oscura.

“¡Cada puerta una perla!” Cada infortunio, cada fracaso, cada pérdida, puede transformarse. Dios tiene poder para transformar las “desgracias” en mensajeros suyos. De este modo Jesús transformó la cruz, símbolo de vergüenza criminal, en símbolo del amor de Dios. Una herida transforma al Pedro que niega a Jesús en un hombre intrépido, en una verdadera roca. “¡Si no hay herida, no hay perla!” De los embates de la vida pueden venir nuestras más ricas recompensas.

“El que la vida muela a un hombre, o lo pula, depende del material de que está hecho.”