El Poder Del Perdón
La falta de perdón es un veneno. Envenena el corazón y la mente con amargura, y distorsiona la perspectiva entera que se tenga de la vida.
La rabia, el resentimiento y la tristeza empiezan a desalentar y abrumar a la persona que no perdona; una especie de polución del alma que inflama apetitos malignos y emociones malvadas. Tal amargura puede incluso diseminarse de una persona a otra, y terminar contaminando a muchos (He. 12:15).
Algunos imaginan erróneamente, que no pueden perdonar si no “sienten ganas” de perdonar. El perdón no es un sentimiento. Los que insisten en ser conducidos por la pasión sin duda van a encontrar bastante difícil el perdón, porque el perdón implica una decisión deliberada que va en contra de nuestros sentimientos. Las emociones amargas nos dicen que permanezcamos en la ofensa. En contraste el perdón es una decisión voluntaria y racional que consiste en poner a un lado la ofensa y desear únicamente lo mejor para el ofensor.
Los que perdonan aun cuando es difícil, invariablemente descubren que después surgen la emociones correctas. “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lc. 6:27-28): todos esos so actos voluntarios, deliberados y racionales, no reflejos emocionales. Obedezca las ordenes de Cristo haciendo tales cosas, y al final sus sentimientos de ira darán paso a la mansedumbre, la frustración será sobrepujada por la paz, y la ansiedad sucumbirá a la calma.
El perdón restaura el gozo, mientras que el pecado aniquila el gozo. David reconoció esto en su gran confesión de pecado en el Salmo 51: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (v. 12). El pecado siempre destruye el gozo del pecador. Pero el perdón restaura el gozo. Dos versículos mas adelante David escribió: “Librame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantara mi lengua tu justicia” (v. 14).
Decir perdón es el único antídoto. Es un acto saludable, benéfico, virtuoso y liberador. El perdón desprende gozo, trae paz. Hace borrón y cuenta nueva. Pone en movimiento las virtudes de amor mas sublimes, en cierto sentido, el perdón es cristianismo a su mas alto nivel.
Medite en esto de esta manera: el perdón es tanto una bendición como un medio para recibir otras bendiciones. Los que se niegan a perdonar se están perdiendo de las múltiples bendiciones que trae el perdón consigo. Pero los que perdonan desatan abundante bendiciones divinas, no únicamente sobre aquellos a quienes perdonan, sino también sobre si mismos. Esto es precisamente aquello a lo que estamos llamados.
“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuiste llamados para que heredaseis bendición…” (1 Pedro 3:8-9).
