Las pequeñas cosas también
El pastor Harold Springtead se encontraba conduciendo su auto camino a una pequeña iglesia rural donde iba a predicar cuando sintió una vibración repentina. Se le había reventado un neumático. Cuando el pastor de 78 años maniobraba su auto para detenerlo en un lugar adecuado, un camionero detuvo su camión detrás de él. Un hombre joven saltó del camión, evaluó la situación, y de buena gana cambió el neumático. El pastor Springstead llegó al culto con tiempo de sobra, y no fue hasta más tarde cuando se dio cuenta de que su automóvil ¡ni siquiera tenía gato!
Se trataba de un problema menor. El pastor era un fiel servidor de Dios ya jubilado. La congregación era pequeñísima. Podríamos pensar que Dios estaba demasiado ocupado con necesidades mayores y más importantes como para preocuparse por un neumático reventado. Pero su promesa de suplir las necesidades de su pueblo incluye tanto las cosas pequeñas como las grandes.
El mismo Dios que ayudó a Eliseo a sacar del agua el hacha prestada (2 R. 6:5-7), que proveyó alimento para una viuda fiel (1 R. 17:8-16), y que suplió el vino en una boda de un pequeño pueblo (Jn. 2:1-10) también suple nuestras necesidades.
